Doña Brianda de Villavicencio fue una mujer que vivió en Jerez de la Frontera en la primera mitad del siglo XVI, una época decisiva en el desarrollo de la ciudad a todos los niveles. En ese ambiente Brianda destacó por saber utilizar los instrumentos de que disponía para visibilizarse y convertirse en referente económico, religioso y social para sus contemporáneos.
Eludiendo las opciones que la sociedad de la época ofrecía a las mujeres, aut virum aut murum, Brianda, una vez viuda de Hernán Ruiz Cabeza de Vaca, se convirtió en un activo agente financiero prestando dinero a partir de las distintas fórmulas implementadas en la época y eludiendo las condenas por usura. También participó activamente en el mercado inmobiliario de la ciudad, haciendo gala de un profundo conocimiento de todos sus mecanismos. Buscando una protección frente a la presión ejercida por la sociedad patriarcal sobre una mujer joven perteneciente a un destacado linaje, ingresó como tercera en la orden franciscana. De esta forma, el revestimiento religioso le proporcionó la libertad necesaria para permanecer soltera y gestionar su patrimonio convirtiéndose, también, en protectora y mecenas del convento de Madre de Dios al que estaban vinculadas muchas terceras franciscanas de la ciudad.
Pero Brianda es una mujer que responde a un contexto histórico concreto, el del Jerez bajomedieval, y a unas manifestaciones religiosas femeninas perfectamente arraigadas y desarrolladas en la ciudad. Es por ello que, para entender la grandeza de Brianda, también es necesario realizar la contextualización de estas dos variantes decisivas en su trayectoria vital.