Frente a la concepción tradicional de un Diccionario de la Lengua sometido a un criterio selectivo muchas veces ajeno a normas puramente lingüísticas, se ha ido imponiendo la necesidad de un diccionario totalizador abierto a vulgarismos, neologismos, voces jergales y coloquiales y, muy especialmente, a expresiones de uso familiar, es decir, a aquella parcela del léxico que corresponde, sobre todo, al ámbito del lenguaje hablado. Especial atención se presta a grupos marginales o marginados, cuyas voces, por un fenómeno de trasvase lingüístico, son hoy utilizadas, o al menos conocidas, por otros sectores de la población.