Caminos, campos, bosques, ríos, lagos, la montaña, el mar, el viento, la lluvia, la nieve, el fuego, el Sol, la Luna, las estrellas
han sido amigos fieles que han ayudado a su autor a encontrar las palabras para concebir este poemario, dividido en referencia a las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.
Como indica en su prólogo Mercedes Ruiz Castillo: «Los poemas de Nicolás [
] no son argumentativos, expresan sensaciones, instantes fugaces, como el título de su libro. Escribe, recrea, muestra. Yo digo que nos habla de su espíritu libre, de su alma de niño y se revela tan natural como la propia naturaleza que él quiere capturar en infinidad de momentos extraordinarios».