Año 1666, el año del Anticristo. Agoreros e iluminados recorren los caminos para anunciar que el fin del mundo está cerca. En el Apocalipsis se dice que el número de la Bestia es el 666 y en el año 1666, es decir MDCLXVI, se juntan todas las letras de la nemerología latina, que es otra de las condiciones de la profecía. Además, en todas las confesiones hay un libro en el que se profetiza el final de los tiempos. En esta vorágine fatídica se ve envuelto Baldassare Embriaco, un comerciante de objetos de arte y libros raros, descendiente de una vieja familia genovesa asentada en Líbano. El se muestra escéptico, ya que en las Sagradas Escrituras se dice que el hombre no sabrá ni el día ni la hora del fin del mundo antes de que éste sobrevenga. No obstante, emprende un largo viaje en busca de un libro maldito, El centésimo nombre de Abú Maher al-Mazandarani, que tuvo entre sus manos pero que dejó escapar. En el Corán hay 99 formas de llamar a Dios, pero habría un centésimo nombre, escondido, cuya invocación serviría para ganar los favores del cielo en estos momentos dramáticos en los que se teme el fin del mundo.