En el verano de 1969, el hombre pisó por primera vez la Luna. El hecho parece muy remoto hoy (porque apenas ha tenido continuidad) y parecía remoto en aquel momento, por lo distante que resultaba de la cotidianidad común. En una localidad andaluza de provincias - más precisamente en Mágina, escenario de El jinete polaco - un muchacho vive esta peripecia con el apasionamiento que el adolescente pone en aquello que parece la plasmación en la vida real de lo entrevisto en la pantalla del cine o del televisor o lo leído en libros o historietas de ciencia-ficción. La tensión entre la vida diaria en Mágina y el viaje a la Luna actúa así a la vez como metáfora del sueño adolescente respecto a la edad adulta y del postrado hoy de la España del estado de excepción franquista respecto a una posible vida más pletórica y plena, casi la expresión, no ya del (sueño americano) sino de otra era a la vez fascinadora e invisible. El viento de la Luna, pues, trata a un tiempo de tres temas íntimamente entrelazados: la expectativa de un adolescente ante la vida, el desfase sociológico de la España del franquismo y la reducida y a la vez conmovedora y poética epopeya del vivir en Mágina. Lo lírico, el humor y la exaltación imaginativa se despliegan a la vez en este friso en el que lo soñado resulta verosímil en la mente de un muchacho que vive su personal período de aprendizaje, en una prosa seductora y envolvente, de extraordinario poder de sugestión.