Cuentan que, más allá de los Montes de Hielo, más allá de la Ciudad de Cristal, habita la Emperatriz en un deslumbrante palacio.... Así comienza La Emperatriz de los Etéreos, la historia de un viaje y una búsqueda desesperada, que llevará a su protagonista mucho más lejos de lo que jamás había soñado. Bipa no cree en los cuentos de hadas. No le interesa lo que pueda haber más allá de las Cuevas donde habita su gente. Pero cuando su amigo Aer, fascinado por la leyenda de la mítica Emperatriz, parte en un viaje hacia una muerte segura, Bipa irá a buscarlo, arriesgando su propia vida en un mundo de hielo bañado por la luz de la estrella azul, persiguiendo algo que puede no ser más que una quimera. ¿Existe de veras el Reino Etéreo? ¿Existe algo más allá de la confortable seguridad de las Cuevas? ¿O, por el contrario, no hay más que frío, muerte y oscuridad?
Cuentan que más allá de los Montes de Hielo, más allá de la Ciudad de Cristal habita la Emperatriz de los Etéreos en un deslumbrante palacio. Dicen que es tan bella que nadie puede mirarla sin perder la razón. Solo los más osados intentan llegar hasta ella.
Pero Bipa no cree en los cuentos de hadas. No le interesa nada más allá de las cuevas donde vive su gente. En cambio, su amigo Aer, el hijo del extranjero, parece que cada vez se aleja más de la realidad y va dejándose absorber por el brillo de la estrella azul... donde dicen que vive la Emperatriz de los Etéreos. ¿Por qué quiere partir si en el exterior sólo hay hielo y, al parecer, lo único que se encuentra es la muerte?
Cuando Aer desaparece rumbo al Palacio de la Emperatriz, Bipa se ve obligada a ir tras él para devolverle a casa. Lleva consigo el Ópalo que le ha prestado Maga, la chamana de la tribu, un colgante que la protegerá del frío y repondrá sus fuerzas. Además, enseguida se sumará a su expedición Nevado, un silencioso gólem de nieve que la ayudará a afrontar los peligros.
Durante su intensa búsqueda de Aer, Bipa se afirmará en su propia identidad, la única arma que posee frente a la negación de la naturaleza, que sólo conduce a la muerte.