Leer esta obra es sentir el poema rondar la carne, adentrar la sangre, recorrer en fluidos las quebradas de la vida en todas sus facetas: del amor hacia la muerte, de la muerte hacia la lujuria, de la lujuria hacia el abrazo. Esta es una herida latiente, que pulsa versos a borbotones. De poesía que brota a raudales, sensual, abierta, humana. Es necesario advertir que, si acabas entre sus labios, estarás dulcemente perdida.