Fernando Arrabal, autor siempre vanguardista, cuyos atrevimientos escénicos no han dejado indiferente a nadie, volvió a sorprender en 1977 -París, Bruselas, Nueva York...- con estos vodeviles. ¿Cómo explicar la aparición de este teatro bufo? Quizá como un relajante descanso de las alquimias y ceremonias pánicas, quizá como un desafío a sí mismo -del que se ríe en primer lugar- y a quienes empezaban a acusarlo de falta de dominio de la escritura tradicional. Este teatro, pese a la fidelidad a las normas del género, delata en cada página al autor pánico por sus recursos oníricos, su ironía, su lirismo. En su crítica de Le Monde, Colette Godard escribió atinadamente:"Arrabal es incapaz de ser prosaico. La poesía constituye su mundo cotidiano y, cuando se divierte -como es aquí el caso con estos vodeviles- deja vagar su imaginación por las nubes del superrealismo y de la magia burlesca". Los ya incontables amantes de Pic-nic tienen la oportunidad de volver a sonreir o de estallar en carcajadas con la lectura de este teatro bufo.