TU BATA FLOTANTE DE SEDA Y ORO

TU BATA FLOTANTE DE SEDA Y ORO

50 POEMAS ASIÁTICOS DE AMOR

12,00 €
IVA incluido
Disponible entre 3-6 días
Editorial:
VISOR EDITORIAL
Año de edición:
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-9895-772-3
Páginas:
90
Encuadernación:
Rústica
Colección:
VISOR DE POESIA
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Disponible entre 3-6 días

Los poemas que integran este libro son de diverso origen, no solo en cuanto a los pueblos y lenguas e donde proceden, sino a quienes los crearon: los hay de poetas cortesanos, de finísima y culta contextura espiritual, cultivados como flores de invernadero, y los hay simples canciones de pastores o de soldados, rudas y potentes, como silvestres plantas que desafían la tempestad y la sequía: pero todas están suavizadas por lo único que suaviaza la vida, que enternece a las fieras y que hace creer, siquiera por un instante, en la bondad del ser humano: el amor. Sopla el viento del amor, vivificante, en esta poesía, del Japón extremado al Kurdistán, de la Manchuria a Camboya. de Turquía a la Arabia, donde, como en todas partes, por siempre, se rinde culto abnegado a ese "amor inmnenso, tenebroso y dulce" de que hablara Milosz y que es una de las pocas verdades que reconocen, parejos, todos los hombres.

FRANCISCO ALEXANDER (Quito, Ecuador, 1910-1988). Entre sus obras de traducción se encuentran: la versión castellana más completa de Hojas de hierba de Whitman, Conquistador de Archibald McLeish y la presente antología. Estudió música en los Estados Unidos de Norteamérica de donde regresó dueño de un inglés perfecto y fluido como se aprecia en sus traducciones.

Los poemas que integran este libro son de diverso origen, no solo en cuanto a los pueblos y lenguas de donde proceden, sino a quienes los crearon: los hay de poetas cortesanos, de finísima y culta contextura espiritual, cultivados como flores de invernadero, y los hay simples canciones de pastores o de soldados, rudas y potentes, como silvestres plantas que desafían la tempestad y la sequía: pero todas están suavizadas por lo único que suaviza la vida, que enternece a las fieras y que hace creer, siquiera por un instante, en la bondad del ser humano: el amor.

Sopla el viento del amor, vivificante, en esta poesía, del Japón extremado al Kurdistán, de la Manchuria a Camboya, de Turquía a la Arabia, donde, como en todas partes, por siempre, se rinde culto abnegado a ese "amor inmenso, tenebroso y dulce" de que hablara Milosz y que es una de las pocas verdades que reconocen, parejos, todos los hombres.
e.m.